Una breve introducción a lo Queer

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Historia Diversa
El término queer se ha popularizado en los últimos años en América Latina para identificar cierto tipo de estudios académicos y movimientos activistas relacionados con el género y la sexualidad. En su significado inicial en lengua inglesa, denota raro, excéntrico, extraño, con una fuerte carga negativa. Por ejemplo, en Estados Unidos se popularizó su uso durante el siglo XX para designar las personas que mantenían relaciones sexuales con los de su mismo sexo, con la idea de avergonzarlas, humillarlas e insultarlas por atreverse a enfrentar la ‘normalidad’ sexual y de género.

En la década de los 80, con la maduración de los movimientos sociales gay en Estados Unidos luego de las revueltas en Stonewall en 1969, algunos activistas comenzaron a resignificar y politizar esta palabra- insulto. Buscaban autodenominarse como queer para diferenciarse de lo que consideraban un activismo aburguesado y elitista abarcado casi en exclusiva por hombres blancos, de clase media-alta y pertenecientes al naciente ‘mercado rosa’. Hablo de mujeres feministas lesbianas, chicanas y afroestadounidenses, además de algunos hombres, que empezaron a darle nuevos sentidos a la palabra queer, para posicionarse como sujetos políticos críticos del clasismo, sexismo y racismo de las sociedades de su país, pero  especialmente, del propio activismo gay.

En una época en que ciertas feministas se aliaron con los políticos conservadores más recalcitrantes para buscar la penalización de la pornografía porque consideraban que era una forma mediática de violencia contra las mujeres[1], y en que el VIH-SIDA surge justo en la primera presidencia del homofóbico republicano Ronald Reagan, lo queer  adquiere una fuerza inusitada que será aprovechada por nacientes movimientos populares de corte radical. En ese panorama aparecen ACT UP (AIDS Coalition to Unleash Power) en 1987 y Queer Nation en 1990. Ambos grupos fueron muy reconocidos en sus inicios en Estados Unidos por su carácter transgresor que hacía explícita la resignificación política de lo queer, es decir, de empoderar la vergüenza, la injuria y la deshonra, y usar estos afectos y emociones como sus cartas de presentación. Si socialmente eran vistos como personas raras, peligrosas y excéntricas, entonces harían alarde de ello en vez de ocultarse en el ala asimilacionista del orgullo y la normalidad, que olvida el carácter contestatario de sus inicios.

Estos grupos fueron los promotores de acciones transgresoras de carácter público, como aparecer en noticieros que transmitían en directo o tomarse la catedral de San Patricio en Nueva York, para protestar contra las posturas católicas que se oponían a una educación explícita frente al SIDA, el uso del condón y el aborto. Ya en los 90 aparece un famoso panfleto con el título de «Queers read this: I hate straights», distribuido el día del orgullo gay en Nueva York en 1990. El texto conminaba a levantarse contra un régimen heterosexista que inunda cada resquicio social y cultural con premisas que hacen pasar la heterosexualidad como la única alternativa, mientras se ejerce una violencia implícita a lo ‘diferente’. Estaba firmado por Anonymous Queers y tuvo un gran impacto y despliegue por su lenguaje de insurrección. He aquí un extracto:

“Tengo amigos. Algunos de ellos son heteros. Año tras año veo a mis amigos heteros. Quiero verlos, ver qué tal están, añadir algunas novedades a nuestras largas y complicadas historias, experimentar cierta continuidad. Año tras año continúo dándome cuenta de que los hechos de mi vida les resultan irrelevantes y que sólo me escuchan a medias, que soy un apéndice de los hechos de un mundo mayor, un mundo de poder y privilegio, de leyes de pertenencia, un mundo de exclusión. “Eso no es verdad”, dicen mis amigos heteros. Hay una certeza en la política del poder: los que están afuera ruegan ser incluidos, mientras los que están dentro dicen que ya están allí. Los hombres lo hacen con las mujeres, los blancos con los negros y todos ellos con los maricas” (2009 [1990]: 244).

El carácter de rebelión de lo queer, bien ejemplificado en el panfleto, es el que llamará la atención de la feminista de origen italiano Teresa de Lauretis, quien acuñará el término ‘teoría queer’.  Su propuesta era traducir estos atributos políticos de transgresión a la academia, a la producción de conocimiento con ponencias, seminarios, libros y artículos que proclamen, mantengan y reproduzcan el tono de crítica que se venía aplicando en las calles, sin olvidar, por supuesto, las posibles confluencias con posturas feministas. En realidad, lo queer le debe muchísimo al feminismo, como también le debe a grupos de anarquía, movimientos sociales de izquierda y antiglobalización, y grupos de rock (especialmente punk), quienes influenciaron fuertemente sus premisas teórico-políticas. En la actualidad, Queeruption es un ejemplo de cómo mantener algunas de estas vertientes articuladas, donde la una no opaca a las otras.

Tomado de: i.letrada.co