La violencia y el maltrato en las relaciones sexo-afectivas entre mujeres lesbianas, bisexuales o pansexuales

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Un análisis exhaustivo de Christine G. Ferrer sobre la violencia en relaciones entre mujeres lesbianas, bisexuales o pansexuales

El maltrato entre lesbianas, una realidad invisibilizada y negada.

El poder, el control y la violencia en las relaciones sexo-afectivas entre lesbianas existen. De hecho, se estima que  entre 3 y 4 de cada 10 lesbianas viven o han vivido una relación de maltrato con otra mujer (aunque no se ha realizado ninguna estadística concreta, hace más de 20 años en EE.UU. ya se decía que no había razones para pensar que el porcentaje de lesbianas maltratadas fuera menor que el de mujeres heterosexuales maltratadas) (2). Sin embargo, este hecho es una realidad invisibilizada. Teniendo en cuenta que – tanto como lesbianas, bisexuales o pansexuales como mujeres (3) bio o trans- sufrimos doblemente la violencia estructural por parte del heteropatriarcado,  no es de extrañar que la violencia entre lesbianas sea  silenciada, invisibilizada…e incluso negada. El problema es que esta negación viene de una gran parte del feminismo y del activismo lésbico. Reconocer, por parte de estos sectores, que puede darse el maltrato en nuestras relaciones sexo- afectivas supone, por un lado, cuestionar valores como el “amor”, “la igualdad”, “el respeto”,… (una idealización de las relaciones entre mujeres: si no hay hombre no puede haber dominación o violencia…) y, por otro lado,  supone que esta sociedad heteropatriarcal puede utilizar estas situaciones de violencia entre lesbianas para poner en  entredicho las luchas feministas contra la violencia machista ejercida por los hombres.

Aún así, hay que insistir en que la violencia ejercida por lesbianas hacia sus compañeras también se trata de violencia contra las mujeres y por ello es un tema que hay que abordar desde el feminismo.

¿En qué consiste el maltrato entre lesbianas?

Al igual que en las relaciones heterosexuales, el maltrato entre lesbianas se da de forma unidireccional y desde R.A.R.A.S.S.(4) se ha definido como: “Una dinámica de dominio unidireccional ejercido y establecido mediante patrones de comportamiento que buscan sometimiento, naturalizándose consistentemente con el empleo de tácticas continuas desestabilizadoras y cíclicas hasta hacerse crónicas. Estas tácticas de control y aislamiento- que pueden incluir o no amenazas, agresiones físicas y sexuales- son utilizadas sistemáticamente por una de las mujeres/lesbianas con el objetivo central de controlar los pensamientos, las creencias, los recursos, los espacios y hasta la conducta de su(s) compañera(s), o de la(s) mujer(es) con quien-(es) esté saliendo o haya salido y/o tenido una relación cercana en el pasado”.

Al igual que en las relaciones heterosexuales, el maltrato entre lesbianas se da de forma unidireccional

Así pues, el maltrato nunca es mutuo y por lo tanto no hay que confundir con peleas violentas ni tampoco con actos aislados de violencia. Se pueden dar casos en que la lesbiana maltratada cometa (quizás a modo de respuesta o como defensa) algún acto de violencia. Sin embargo, la mayoría de las veces, se avergüenza y culpabiliza por ese acto, acabando por  justificar y/o disculpar a la mujer que desató la violencia. Reitero que estos hechos de violencia aislada por parte de la maltratada no deben considerarse como maltrato mutuo.

Pero…no es posible que entre lesbianas exista el maltrato… ¿o sí?

La violencia entre lesbianas es  una reproducción de la violencia heteropatriarcal y estructural. Como dice Esther Prado (5): es la punta del iceberg de un continuum de mecanismos de control, producción-reproducción del heteropatriarcado en el cuerpo y la vida de todas las mujeres y las niñas, de “el y la diferente”.

En tanto que las lesbianas hemos sido socializadas en una cultura – neoliberal – basada en el modelo de la heterosexualidad obligatoria, la monogamia, el ideal del amor romántico y donde el concepto de familia se basa en roles jerárquicos, naturalizamos este  modelo y, por tanto, somos susceptibles de reproducirlo.

Sin embargo, hay que señalar que, a diferencia de la violencia de los hombres hacia las mujeres donde su violencia viene “avalada” por este  sistema heteropatriarcal y donde mantienen unos privilegios a nivel personal y a nivel colectivo (como parte del grupo dominante), en las relaciones donde existe  maltrato ejercido por lesbianas pocas veces se tienen ventajas a nivel estructural, aunque sí se obtienen beneficios a nivel individual.

Repetimos conceptos, asimilamos los estereotipos que va marcándonos la sociedad y los naturalizamos hasta convertirlos en nuestra propia opresión.

Desde R.A.R.A.S.S., se pensó que el maltrato en las relaciones sexo-afectivas entre lesbianas se basa en tres ejes que reproducen- y, a su vez, generan- la violencia estructural. Estos tres ejes son:

-      La opresión de género y la misoginia que afecta a todas las mujeres y las niñas desde el nacimiento y que vivimos a diario de múltiples formas.

-      El ideal del “Amor romántico”, basado en la monogamia, la fusión, la fidelidad, la posesión, los celos… posibilita la creencia del derecho sobre la compañera, lo cual es una condición necesaria para el ejercicio de poder y la violencia hacia la otra.

-      La lesbofobia. Tanto la social como la interiorizada que, de unas maneras u otras, vivimos durante toda nuestra vida (en la familia, en el colegio, en el trabajo, en la calle). Repetimos conceptos, asimilamos los estereotipos que va marcándonos la sociedad y los naturalizamos hasta convertirlos en nuestra propia opresión.

Además de estos tres ejes, también se pueden utilizar otras opresiones como el racismo, el clasismo, la xenofobia… también las situaciones específicas de cada lesbiana, tanto a nivel personal como social, como son las diversidades identitarias, las funcionales, las  referidas a la edad, etc. pueden ser usadas por otra lesbiana para ejercer el control y el poder mediante el aislamiento, el miedo, la culpabilidad,…

La imagen tópica sobre las lesbianas que maltratan

Cualquier estereotipo sobre cómo es una mujer lesbiana, bisexual o pansexual que maltrata a otra mujer en una relación sexo-afectiva es falso.

Ni la apariencia física, ni su edad, ni su estatus socioeconómico, ni su origen étnico,… ni el hecho de haber sido maltratada (o no) con anterioridad, ni de beber, ni de tomar drogas, o de tener problemas de cualquier tipo determina que una lesbiana elija ejercer el poder, el control, la violencia hacia otra mujer.

Una maltratadora puede ser una mujer con mucho carisma, ser la amiga entrañable, extrovertida, generosa,… o no. Puede ser muy atractiva, amable,… o no. Puede tener un aspecto femme o butch... o ninguno en especial. Una maltratadora puede ser una activista feminista, trabajar con mujeres, apoyar a mujeres en situaciones diversas, escribir artículos y/o libros sobre mujeres y feminismo, cantar canciones sobre la sororidad entre mujeres,… o no. Puede ser famosa o ser reconocida socialmente,… o no.

Las maltratadoras comparten nuestros espacios, nuestros grupos. Las maltratadoras son nuestras compañeras, son nuestras amigas…

Maltratar es una elección consciente y deliberada, por ello cualquiera de nosotras podemos tomar esa elección, independientemente de las situaciones de nuestras vidas y de las opresiones que podamos sufrir.

Por tanto, al no haber ninguna causa u origen que determine que una mujer lesbiana, bisexual o pansexual elija ser una maltratadora, tampoco la hay para determinar que sea la maltratada. Es más, una maltratadora puede ser (o no) maltratada en una relación sexo-afectiva con otra mujer y viceversa: la maltratada puede elegir ejercer la violencia en otra(s) relación(es).

Apenas se denuncia este tipo de maltrato

Hay muchos factores que contribuyen a que una mujer maltratada por su compañera o pareja no denuncie, ni siquiera hable con alguien de confianza sobre la situación que está viviendo:

-      La negativa a reconocer que se está viviendo, o se ha vivido, una relación de maltrato. “No es posible que quien me ama, me maltrate”.

-      Muy frecuentemente, el compromiso de amar a otra persona conlleva la idea del sacrificio personal para sostener la relación de pareja.

-      Con la esperanza de que, en algún momento, esa violencia se acabe, muchas lesbianas acaban por minimizar o negar ese abuso.

-      La interiorización, y la consiguiente reafirmación, del ideal del Amor Romántico.

-      El sentimiento de culpa (6). Muchas lesbianas maltratadas se culpan a sí mismas de esos abusos. Los argumentos que la maltratadora utiliza para ejercer la violencia acaban siendo interiorizados por la maltratada hasta llegar a creer que es ella quien provoca y se merece esa violencia.

-      La dependencia económica o la falta de recursos económicos.

-      El miedo a las posibles represalias.

-      La lesbofobia interiorizada. En algunos casos, porque la lesbiana maltratada no ha salido del armario y el hecho de hablar con alguien sobre su situación de maltrato o denunciarlo, significaría sacar a luz su orientación sexual. En otros casos, en los que la lesbiana maltratada es visible, reconocer que sufre abusos por parte de su compañera supone poner en riesgo al resto de la comunidad lésbica frente a la violencia estructural.

-      Por la lesbofobia social. Además de la institucional, la del entorno donde vivimos, trabajamos o estudiamos y – muchas veces – la lesbofobia en el seno familiar, también está la ejercida por las personas más allegadas: ocurre muy a menudo que, cuando una lesbiana se atreve a decir en voz alta que vive una relación de  violencia, sus amistades subestimen o no  le den importancia a esa denuncia. “No será para tanto” o “eso es algo entre vosotras dos”, son respuestas que se suelen producir, lo que aumenta el aislamiento y la soledad de la persona que está sufriendo dicha situación y facilita la impunidad de la maltratadora.

Cuando una lesbiana se atreve a decir en voz alta que vive una relación de violencia, sus amistades subestimen o no le den importancia a esa denuncia

- Si el entorno donde se mueve la maltratada es un espacio común con la pareja abusadora, será el temor a quedarse sin amistades e incluso sin ese espacio lo que hará que mantenga en silencio su situación.

-      En el estado español, la Ley Integral contra la Violencia de Género no contempla la violencia en las relaciones sexo-afectivas entre personas del mismo sexo. Cuando alguna lesbiana se atreve a denunciar su situación de maltrato, no existen protocolos específicos para analizar cada caso concreto. Ni siquiera puede tener acceso al apoyo como “víctima” de violencia de género.

Este vacío legal puede dar lugar a que se decreten órdenes de alejamiento mutuo o que, ante la denuncia de algún vecindario lesbófobo, la policía detenga a ambas mujeres por “pelearse”.

-      La existencia de una serie de mitos que dificultan la identificación de maltratada y maltratadora. Por ejemplo: pensar que esa violencia no es un maltrato en sí, sino una pelea mutua; que en una relación entre mujeres no pueden darse situaciones de violencia; que la que maltrata es porque es una alcohólica o tiene una enfermedad mental o tiene problemas…; que la maltratadora es la más fuerte o la más “machorra”, etc.

Todos estos factores contribuyen a que las mujeres lesbianas, bisexuales o pansexuales que están viviendo una relación de abuso vivan una doble opresión y, por ello, se instalen en un doble armario… acabando por aislarse y perdiendo por completo su autoestima.

¿Qué podemos hacer ante el maltrato entre lesbianas?

Por un lado, la lesbiana maltratada tiene que hablarlo. Bien con unx amigx, compañerx de trabajo, de clase…con alguien en quien confíe plenamente. También puede contárselo a su médicx de cabecera, a su psicoterapeuta…siempre que tenga claro que éstxs están preparadxs para apoyarla de forma correcta.

Si existe alguna asociación LGTTBI en su localidad o cercanías, estaría bien que acudiera a alguna para que allí la asesoren.

Si convive con su maltratadora, es importante que se vaya cuanto antes de casa y si esto no es posible que procure estar acompañada en todo momento, o al menos quedarse a solas con la maltratadora el menor tiempo posible.

No podemos ni debemos decir que la violencia que está sufriendo nuestra amiga es un “asunto privado”, “un lío entre ellas donde yo no me meto

Hay que tener en cuenta que la maltratadora no va a cambiar su conducta. Aunque en ciertos momentos emplee el halago, la seducción, los “premios” e incluso hable de arrepentimiento, tan sólo son estrategias que utiliza para seguir ejerciendo el control y el poder.7 La contradicción de la convivencia de muestras de violencia con muestras de amor contribuye a la confusión de la mujer maltratada e impiden que ésta sea consciente de que está sufriendo maltrato.

¡Muy  importante es que, en ningún momento,  la lesbiana que está siendo maltratada debe sentir vergüenza ni sentirse culpable de su maltrato!

Y, a pesar de las dificultades sociales, legales y del miedo, hay que denunciar (8)

Por otro lado, las personas más cercanas a estas lesbianas maltratadas deben escuchar y dar crédito a lo que les cuentan. ¡No podemos mirar hacia otro lado o justificar ese maltrato! No podemos justificar a las mujeres que maltratan a otras mujeres en una relación sexo-afectiva con la excusa de que lo hacen por padecer un trastorno, o por haber tomado demasiado alcohol, o por consumir drogas, ni por el estrés, ni por estar desempleadas, ni por perder el control sobre sí mismas, o estar pasándolo muy mal por los celos… No podemos ni debemos decir que la violencia que está sufriendo nuestra amiga es un “asunto privado”, “un lío entre ellas donde yo no me meto”.

Como amigxs, tanto de la maltratada como de la maltratadora, tampoco debemos posicionarnos del lado de esta última porque sea una persona carismática, reconocida o la más “popular” dentro del círculo social en el que nos movemos, ni porque a nosotrxs nos interese estar a buenas con ella.

Personalmente y porque he visto de cerca muchos casos  parecidos, quiero insistir en el papel que deben tomar las amistades de la mujer lesbiana, bisexual o pansexual maltratada por su compañera. Y es el de escuchar sin dudar,  sin juzgar y sin cuestionar las decisiones, métodos y estrategias que su amiga maltratada haya desarrollado para hacer frente a la situación; el de empatizar con su dolor; el de ayudarla y cuidarla con paciencia y respetando sus estados anímicos, no culparla por la situación que vive o ha vivido. Y, por encima de todo, ¡que no la abandone!

¡No enfrentarse al hecho de que una amiga está siendo maltratada, ignorar y pasar de estas situaciones es consentir el maltrato y encubrir a quien lo ejerce!


Por último, desde los movimientos feministas y/o lésbicos lo que debemos hacer es visibilizar la existencia del maltrato entre lesbianas y generar acciones políticas  concretas:

Creación de redes, articulándonos y formando alianzas con grupos, movimientos, asociaciones locales, estatales e internacionales que trabajen  en defensa de la diversidad sexual y de género, derechos sexuales y reproductivos. Articulación con instituciones gubernamentales o ONG’s relativas a la salud, a la educación, a los derechos humanos, etc.

Difusión y sensibilización a través de charlas, talleres, campañas de prevención en agrupaciones de lesbianas y feministas. Creación de jornadas o seminarios en el ámbito académico sobre el tema específico de la violencia entre lesbianas. Participación en medios de comunicación a través de entrevistas, notas, reportajes, textos, etc.

Encuentros, marchas, actos masivos de la comunidad LGTTBI y del movimiento feminista para visibilizar, y repudiar, la existencia de la violencia entre lesbianas.

Es necesario que la lucha contra esta lacra también esté en las agendas de grupos y/o movimientos lésbicos  feministas (9).

¡Es absolutamente incoherente que luchemos contra la lesbofobia externa y no reconozcamos la violencia que vivimos dentro de nuestras propias relaciones!

¡Cuando una mujer agrede su compañera o ex-compañera, también nos agrede a todas!

¡Porque lo personal es político!

¡Con este silencio estamos alimentando a este sistema de dominación heteropatriarcal!

Unos apuntes para acabar

En este texto sólo me centro en el tema del maltrato en las relaciones sexo-afectivas lésbicas. Pero quiero hacer saber que la violencia ejercida por lesbianas puede ir más allá del espacio “personal”, “íntimo” o “doméstico” y abarcar muchos otros ámbitos. Sin ir más lejos, es más frecuente de lo que deseáramos, ver cómo existe la práctica del control y/o el poder en los grupos o movimientos de mujeres feministas que, supuestamente, funcionan desde la horizontalidad. El uso de instrumentos del heteropatriarcado como la xenofobia, la discriminación por razón de status social o económico, de edad,  de diversidad funcional, etc. contra otras mujeres puede darse también a nivel grupal, social o político en nuestros espacios de activismo.

El ataque con violencia de una lesbiana a su pareja, se perpetuará debido a la interiorización de las normas interrelacionadas de heterosexismo / homofobia y misoginia, las cuales están en el fondo del sistema de roles sexuales establecidos

Respecto a nombrar el maltrato en las relaciones entre lesbianas, se trata de un acto político, ya que supone la visibilización de este tipo de violencia (lo sabemos de sobra: lo que no se nombra no existe). Las diferentes denominaciones que se le han dado como por ejemplo “violencia doméstica entre lesbianas”, “violencia intra-género”, “violencia de pareja íntima”,… personalmente me hacen reflexionar desde dónde se menciona y con qué intencionalidad.

“La definición de violencia de género, enfatiza el hecho de que la violencia sea ejercida por varones. Este término también se reivindica para el maltrato en parejas lesbianas, ya que partiendo de que la definición de género es una construcción social en lugar de un hecho anatómico, el ataque con violencia de una lesbiana a su pareja, se perpetuará debido a la interiorización de las normas interrelacionadas de heterosexismo / homofobia y misoginia, las cuales están en el fondo del sistema de roles sexuales establecidos por el falocentrismo” (10)

Tomado de: pikaramagazine.com