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Así habló la activista lesbiana Valeria Rubino del Derecho a Matrimonio Igualitario en Uruguay ante el Parlamento

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SEÑORA RUBINO.- Señor Presidente: participar hoy de este debate parlamentario me pone, sin dudas, en una situación compleja por la enorme cantidad de sentimientos encontrados que me genera.

En primer lugar, es de por sí triste el hecho de estar en esta Sala escuchando cómo algunas personas se arrogan el extraño privilegio de decir que el Estado y la ley deben impedirme ejercer mi legítimo derecho a contraer matrimonio con la mujer que amo profundamente, si así lo deseáramos. Es duro escuchar cómo algunas uruguayas y uruguayos, con la responsabilidad de ser legisladores, plantean que el único modelo válido de familia es su propia familia; que de las diversas y maravillosas formas del amor, solo una merece tener todos los reconocimientos legales. Mucho más triste, e irritante, es escuchar que mi forma de amar hace daño a los niños y todavía ?acto seguido? escuchar que quienes eso dicen se sienten en este debate estigmatizados y discriminados. Si se me ocurriera decir que debe hacerse una ley que impida a los nacionalistas, por ejemplo, criar hijos o hijas porque estos pueden imitarlos, seguramente sería tomado como lo terrible que es. Para mí, la discriminación por filiación política es tan ridícula, igualmente ridícula, que la discriminación por orientación sexual o por identidad de género.

Por otra parte, es una alegría y un orgullo estar aquí sentada para defender un proyecto de ley que nació de la sociedad civil organizada; un proyecto que emerge en el seno del Colectivo Ovejas Negras, organización de la que tengo el honor de formar parte desde hace unos cuantos años. Se trata de un proyecto de ley redactado por una mujer maravillosa, la doctora Michelle Suárez Bértora, compañera y amiga, quien además de tener el tesón y la valentía de transformarse en la primera mujer trans en recibirse de abogada en la Facultad de Derecho tuvo el talento de redactar un borrador del proyecto de matrimonio igualitario. La doctora Suárez Bértora tuvo mucho más talento aun cuando demostró su habilidad para integrar a la primera propuesta las decenas de comentarios, críticas y sugerencias que se recibieron de diversos actores políticos y sociales durante más de un año. Sucede, señor Presidente, que el primer borrador de este proyecto le fue entregado no solo a cada uno de los legisladores y legisladoras a principios del año 2010 sino también a decenas de organizaciones sociales y personas de las más diversas opiniones políticas y religiosas. Durante aquel primer año, el Colectivo Ovejas Negras y la Federación Uruguaya de la Diversidad Sexual recibieron de muchas de ellas aportes, sugerencias, críticas. Todas y cada una de ellas fueron tomadas en cuenta, debatidas, profundizadas. Fue el talento jurídico de la doctora Suárez Bértora el que logró conciliar todos aquellos debates en un nuevo texto borrador que llegó al Parlamento, a los despachos de todos y de cada uno de los legisladores y legisladoras, ahora sí, con pretensiones de ser transformado en proyecto de ley.

Desde aquel momento, tanto el Colectivo Ovejas Negras como la Federación Uruguaya de la Diversidad Sexual no han cesado de informar, de promover, de hacer público el texto de lo que ha ido tomando forma, a instancias del señor Diputado Sabini, como proyecto de ley de matrimonio igualitario. Sin embargo, casi no ha sido posible debatirlo, pues a pesar de los alegatos que hoy se escuchan en Sala la realidad fue que a todas y cada una de las instancias de debate a las que se invitó a los opositores al proyecto, a pesar de haber confirmado asistencia, estos señores faltaron. Recuerdo en este momento, como un mero ejemplo, las dos veces que el Partido Colorado abrió su sede para promover este debate. Recuerdo a Michelle, a Federico Graña, a Diego Sempol, a otras compañeras y compañeros activistas y a decenas de ciudadanas y de ciudadanos interesados en el debate, esperando sin resultado. Sin embargo, algunos de los que faltaron a aquellas citas hoy, cuando ya se ha dado el debate, presentan proyectos que, según dicen, son alternativos. A mi modesto juicio, no buscan nada más que demorar el avance de la historia o hacer la de Poncio Pilatos.

Un tercer sentimiento que me invade hoy es la profunda responsabilidad de estar representando a mi colectivo político, la Corriente de Acción y Pensamiento-Libertad y, con ello, al Frente Amplio todo. Es una enorme responsabilidad, pues en la CAP sabemos desde el primer día que debatir y aprobar este proyecto no es un asunto de defender a los gays, a las lesbianas, a las personas trans o a los bisexuales. Defender y debatir este proyecto es una más de las permanentes instancias en las que toca defender, para todas y todos, la justicia social, la libertad, la diversidad, la democracia tal cual la ambicionamos.

Somos conscientes de que el capitalismo salvaje y carente de humanismo solo es posible en función del patriarcado, y viceversa. Y han sido y son ellos posibles a lo largo de la historia en función de que existe un sistema racial que pondera a unos seres humanos sobre otros. Podríamos seguir con esto por horas. Lo cierto es que estamos convencidos y convencidas de que todos los sistemas de imposición del poder de unos sobre otros son los que hacen posible sostener aún un sistema de injusticia social que condena a millones de personas en el mundo a la marginación, a la pobreza, a la discriminación, a la muerte, a la esclavitud, a todas ellas juntas o a algunas más. Por eso luchamos contra estos sistemas y contra todas las formas jurídicas, económicas y políticas que pretenden perpetuarlos.

Nos sabemos herederos en esta forma de pensar, no solo de la izquierda nacional y mundial, sino de muchas mujeres y de muchos hombres de todas las tiendas partidarias que han militado y militan contra muchas de las diversas formas en que la dominación se impone. La gesta artiguista se trató, sin dudas, de un movimiento en pos de la libertad y de la justicia social. Nuestra Constitución también refleja ese espíritu. Batllismo y Wilsonismo fueron, en su tiempo, agrupaciones de uruguayas y de uruguayos que proyectaron leyes, programas, propuestas tendientes a ensanchar nuestra democracia y a impedir el dominio de los grupos poderosos y conservadores sobre la mayoría de las ciudadanas y ciudadanos de este país. Pero aun cuando han sido estos los más notables y recordados movimientos políticos de nuestra historia, nunca han faltado otros hombres y mujeres que, precisamente, piensan lo contrario. Es por eso que hoy no estamos sorprendidas y sorprendidos al escuchar los alegatos contrarios al proyecto. ¡Son tan iguales a otros que hemos escuchado y leído tantas veces! Pues siempre ha habido, dentro de nuestros partidos políticos, legisladores que sostienen que el rol del Estado es defender sus intereses particulares, imponiendo una moral que legitime su posición obscenamente dominante en la sociedad. Se trata de aquellos que se creen los dueños de todo, incluidas no solo nuestras horas de trabajo sino también nuestras voluntades, nuestra libertad, nuestras familias y nuestros cuerpos. Estos seres son quienes se opusieron al Batllismo cuando se debatía la ley de ocho horas. En ese debate proclamaban que el Estado interventor estaba recortando su libertad. Y es verdad. El Estado estaba recortando su libertad de mantener en la miseria y de explotar, sin límites, a los hombres, niñas, niños y mujeres que generaban las riquezas que les permitían a ellos vivir en la opulencia. Hoy también reclaman que se respete su derecho a ser diferentes, lo cual implica para ellos que nadie diferente pueda acceder a los mismos derechos legales respecto a la pareja, la familia o la filiación. Alguien debe frenar esta locura ?dicen? de sacarle uno a uno sus privilegios, esos privilegios que naturalmente les corresponden.

Este argumento sobre lo natural, señor Presidente, tampoco es nuevo. Permítanme auxiliarme con Barrán y contarles que durante la discusión acerca del divorcio, decía "La Democracia", diario nacionalista y conservador por excelencia, allá por el año 1914, la siguiente frase: "Que la mujer, hastiada de su marido, pueda deslizarse definitivamente de él, es siempre censurable". Y decía sobre el voto de las mujeres: "[...] nada más desemejante y antitético que el hombre y la mujer. Por otra parte, ¿quién ha conferido la supremacía política al hombre? Nadie: ese estado de cosas se ha producido gradual y lógicamente por el desenvolvimiento natural de los hechos. El hombre ha ido ocupando en todas las sociedades [...] bajo todos los soles, funciones directivas y la mujer funciones de subordinación y obediencia. Algo, pues, que escapa a las leyes humanas [...] ha actuado sin cesar sobre las sociedades, formándose el estado de cosas que se quiere modificar de una plumada".

Lógico, natural, inmutable. Nada nuevo hay entonces en este debate, señor Presidente, como usted podrá ver, ya que esa cosa extraña que estas personas suelen llamar naturaleza es nada más que un cuento que modifican a su antojo; un cuento donde siempre ¡oh casualidad! obreros y obreras deben estar bajo las botas del patrón, afrodescendientes bajo las botas del amo, las mujeres bajo el puño y mandato de su marido, y gays, lesbianas y trans, ya que hoy por hoy no queda bien encerrarlos en el manicomio, debemos quedar confinadas y confinados en un fuerte y pequeño ropero, dentro de nuestras casas y sin hijos, por supuesto.

Los alegatos opuestos a este proyecto, señor Presidente, son nada más que versiones disfrazadas de un solo sentir: el enojo ante la pérdida de privilegios que un puñado de personas han considerado históricamente suyos, y ante la pérdida de los cuales siempre se resisten con furia. No en vano, también han trabajado incansablemente siempre para regular a su antojo cuáles son las drogas legales e ilegales, aumentando así su riqueza. Porque no nos engañemos: solo entre quienes acumulan conexiones políticas y enormes cantidades de dinero se encuentran las personas capaces de realizar las inversiones que requiere el tráfico de drogas. Por supuesto, cuando se trata de recortarles el negocio se oponen con firmeza a las regulaciones estatales.

¡Oh, casualidad! También se opusieron ¡y vaya cómo! a la despenalización del aborto, pues no conciben que nadie más que ellos pueda tener la potestad de decidir sobre su propio cuerpo.

También, sin pudor alguno, invitan a la ciudadanía a pronunciarse en las urnas con el fin de enviar a los niños de la pobreza al Comcar o al Penal de Libertad, haciendo responsables, como siempre, a los obreros y las obreras de las consecuencias nefastas que su irrefrenable avaricia genera.

Por todo esto, señor Presidente, no nos sorprenden ni nos ocupan los argumentos contra el matrimonio igualitario, pues durante estos dos años no hemos escuchado un alegato contra el mismo que no emane de esta misma reacción de siempre.

Nos detendremos, entonces, señor Presidente, solo un momento en el análisis de un argumento particular: aquel que se opone a que las parejas elijan el orden de los apellidos de sus hijos. Desconocen nuestra historia y nuestra realidad actual quienes creen que los apellidos responden a una sola tradición. Desconocen firmemente que vivimos al lado de Brasil, por ejemplo, y que miles de personas llevan como primer apellido el de su madre. Desconocen, porque quizás no entraron en directa relación, como una, en el Paso Molino, con hijas e hijos de madres solteras que en los últimos cincuenta años cambiaron tan solo cuatro veces la forma de poner orden a los apellidos. Hasta hace algún tiempo, los hijos e hijas de madres solteras llevaban un solo apellido, de manera que se supiera claramente que eran hijos de madres solteras. Luego les sorteamos ?no es nuevo este planteo del sorteo? el primer apellido de una lista de apellidos comunes. Luego les permitimos elegir a las madres solteras cuál era, de esa lista, el primer apellido que querían poner a sus hijos. Hoy día, llevan los dos apellidos de la madre, como sus tíos y sus hermanos. Todas esas variedades son las que uno se encuentra cuando alguien lo saluda y le dice: "¿Qué tal? Me llamo Josefina Pérez". ¿Qué significa Pérez? ¿A quién corresponde? Si alguien se hace la ilusión de estar seguro de a quién corresponde, se equivoca rotundamente. Pero un cuando esta tradición machista marcara una certeza real, es justamente ahora, con la votación de un nuevo instituto del matrimonio ?el que proclama el matrimonio igualitario?, la hora de poner en cuestión la validez y justicia de esta tradición. Nosotros y nosotras en la CAP hubiéramos preferido, sin lugar a dudas, votar el proyecto original, que daba igualdad de oportunidades para decidir a quien fuera, sin importar su orientación sexual. En aras de que saliera el proyecto no trabamos la discusión. Más allá de todo eso, nada impide a quienes quieren conservar la tradición, hacerlo, así como nada les impide conservar para sí y sus familias todas las tradiciones que consideren moralmente justas. Al contrario, esta ley nos permite a todos y todas mantener aquellos valores que para nosotros y nosotras resultan indispensables a la hora de conformar una familia.

(Suena el timbre indicador de tiempo)

SEÑOR PRESIDENTE (Orrico).- La Mesa le ruega a la señora Diputada que redondee su pensamiento.

SEÑORA RUBINO.- Quiero señalar que el ar­tículo14 que modifica el ar­tículo 214 del Código Civil se modifica para proteger a niños y niñas. Nosotras y nosotros no nos creemos que somos las mejores personas del universo por nuestra orientación sexual. Justamente, existe esa diferencia. Entonces, comprendemos perfectamente que con una lesbiana, igual que cualquier señor a quien se le antoja abandonar su paternidad en el momento en que se separa de su pareja, puede pasar exactamente lo mismo. Y nos rehusamos a no defender a niños y niñas ante cualquiera de esos casos. Eso es lo que orienta la redacción que les resulta tan compleja del ar­tículo 14.

SEÑOR BERNINI.- Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE (Orrico).- Tiene la palabra el señor Diputado.

SEÑOR BERNINI.- Señor Presidente.

SEÑORA RUBINO.- ¿Me permite una nueva interrupción, señor Diputado?

SEÑOR BERNINI.- Con mucho gusto, señora Diputada.

SEÑOR PRESIDENTE (Orrico).- Puede interrumpir nuevamente la señora Diputada Rubino.

SEÑORA RUBINO.- Gracias, señor Presidente.


En base a todas estas consideraciones y las que Nico Pereira relatara anteriormente, las compañeras y compañeros que conformamos la CAP Libertad no dudamos un instante en abrazar el proyecto de Matrimonio Igualitario que elaboró la sociedad civil organizada. No dudamos en trabajar para mejorarlo siempre en el sentido en el que fue pensado. Ni a Carlos Gamou, ni a Nicolás Pereira, ni a Juan Carlos Souza, ni a mí, ni a ninguna o ninguno de los militantes de la CAP se nos hubiera ocurrido transformar este proyecto igualitario en un proyecto segregacionista de matrimonio gay. Nunca hubiéramos apoyado con la firmeza y ahínco con la que lo hicimos si no entendiéramos que este es un proyecto que ensancha nuestra democracia, eliminando barreras y etiquetas estancas, que consagra un camino de transformación democrática de la ley para dar cumplimiento a nuestra Constitución, consagrando los mismos derechos, y con los mismos nombres, para todas las ciudadanas y ciudadanos del Uruguay.

Vamos a tomarnos unos segundos para saludar con afecto a las legisladoras y legisladores de otros partidos que hoy acompañan el proyecto. Saludamos a quienes mantienen firmes en este caso los ideales de justicia social del batllismo. Saludamos a aquellas y aquellos que, defendiendo este proyecto, resaltan las mejores cualidades emancipatorias del partido que luchó por el voto secreto como forma de eliminar las presiones del patrón sobre el obrero y el peón, permitiéndole optar con libertad. Finalmente, a las y los que piensan votar contra este proyecto les pedimos que se tomen un breve instante antes de definir su voto, y dejen flotar en su cabeza aquella hermosa y firme frase de Aparicio porque, señoras y señores, por suerte "Aquí nadie es más que nadie".

Gracias, señor Presidente.

(Manifestaciones de la barra)

Tomado de: caplibertad.org.uy

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