Que la vergüenza cambie de bando. Reflexiones sobre la autodefensa feminista

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El movimiento feminista convocó dos noches de fiestas de Bilbao una manifestación con el lema ‘El miedo va a cambiar de bando’ como forma de protesta contra la violencia sexista./ Ecuador Etxea

Quisiera llamar la atención sobre el cambio de paradigma que deseamos trasladar desde las diferentes corrientes feministas. No creo que sea el miedo sino la vergüenza la que tiene que cambiar de bando. Una vergüenza que ha estigmatizado a las víctimas de la violencia sexista. Pasando de víctimas a victimarias por sus maneras de vestir, comportarse, vivir, “por dejarse pegar”, en definitiva, por existir.

Quiero aportar mi opinión para facilitar un debate abierto sobre la propia autodefensa feminista (ADF) porque creo que es una herramienta poderosa que nos permite llegar a miles de mujeres pero que a su vez necesita de una significación para saber de qué estamos hablando.

En los últimos tiempos muchos colectivos, personas a nivel individual, karatekas, asesorías de igualdad, etc. se apropian y hacen suya la autodefensa feminista, lo cual es indicativo del éxito de la propuesta. Ahora bien, considero que no es lo mismo hacer autodefensa feminista, millones de mujeres la practican en su día a día, que impartir talleres de ADF. Como no es lo mismo tener una práctica feminista que hacer teoría feminista, aunque lo uno sin lo otro no tendría sentido.

Necesitamos repensar un instrumento que organizativamente, en estas latitudes, llevamos casi 30 años implementando. Revisar nuestro marco teórico para interpretar esta realidad versátil generadora de desigualdades para mujeres y hombres, porque si todo vale, nada vale. Cuanto más indefinido quede un término menor valor conceptual tendrá. No pretendo crear una definición cerrada, más bien, abrir un debate sobre qué es lo que queremos trasladar o transformar.

Seguramente tanto la citada campaña como la perfomance que la representaba; mujeres de negro con el rostro tapado han sido impactante a nivel de publicidad y no dudo de que habrá quién se haya sentido poderosa con esa estética, pero yo no puedo sentirme más alejada de de la misma.

¿Cuál es el nuevo paradigma que queremos crear? ¿Cuál es el recorrido de dicha propuesta? Podríamos imaginar una campaña de sensibilización sobre la pobreza con el eslogan “La pobreza va a cambiar de bando” pero sabemos que se quedaría en una propuesta de sensibilización con un recorrido puntual porque la correlación de fuerzas es la que es y porque además no deseamos repartir la pobreza sino eliminarla.

Nos ha costado mucho y nos sigue costando desvincular la autodefensa feminista de la defensa personal, herramienta válida pero muy distinta del enfoque de la ADF. Sabemos que la violencia directa que sufrimos las mujeres presenta numerosas expresiones, la física es solo una de ellas. Sabemos que en esta violencia hay actores protagonistas, secundarios, cómplices y colaboradores necesarios. Sabemos que los contextos son diferentes pero responden a la misma lógica de dominación machista con estructura social e ideología que la perpetúan en su supuesta normalidad/inocuidad. Por eso, desde la ADF, desarrollamos acciones más allá de la mera defensa física para poder vivir sin terror. Cuestionando el modelo de amor romántico, rompiendo con los modelos hegemónicos de género. Situando la defensa de los Derechos Humanos, la ética del cuidado, la interdependencia y la vulnerabilidad de los seres humanos en el eje vertebrador del nuevo paradigma.

La actuación desde la ADF, bajo mi punto de vista, pasa por una actitud vital de empoderamiento y de exigencia de respeto, no de creación de miedos. No quiero que nadie me tema como no quiero que nadie vulnere mis derechos. No siento que tenga que esconder mi rostro, ni invisibilizarme para reclamar mis derechos. A otros corresponde, y no a nosotras, sentir vergüenza por sus comportamientos y por lo tanto esconderse para seguir manteniendo su impunidad. A otros corresponde actuar con nocturnidad y alevosía. En el fondo, creo que parte de ellos ya temen a las mujeres y que su forma de solventar sus miedos pasa por la misoginia más salvaje. Les dan miedo las mujeres en cualquier posición que no sea la de la subordinación.

Otros, no necesitan esconderse porque se sienten seguros en su impunidad, legitimados socialmente. Otros, apoyan la violencia machista a plena luz del día. Estos últimos, una gran mayoría de los hombres, que no agreden físicamente pero que son cómplices de la violencia por su pasividad y/o mantenimiento de privilegios, por su falta de reacción y acción para garantizar un reparto de las oportunidades, de las tareas, del poder.

Me reconozco en el feminismo pacifista y en la ADF como estrategia política de empoderamiento personal y colectivo. Creo en la legítima defensa, en la rebeldía y en el feminismo alegre y combativo de los tiempos de Matarraskak que han marcado mi trayectoria como activista. No es miedo lo que quisiera que ningún ser humano sintiese hacía mí, sino respeto. Miedo y respeto son términos antagónicos y con consecuencias prácticas bien diferencias.

Creo en el derecho a una vida libre de violencia y que en consecuencia los agresores no existan, no ya por miedo, no ya por las repercusiones legales de sus acciones sino porque toda la sociedad haya deslegitimado y rechazado la violencia contra otro ser humano. Creo en la capacidad de acabar con la dicotomía victimario/víctima, dominador/dominada. Creo

Considero más significativo que los machistas dejen de actuar por convicción, al descubrir el horror su abuso, que el que huyan por las piedras de l@s manifestantes. Sabemos que esta última es una falsa huida y volverán rearmados con armas de destrucción más poderosas. Las del poder dominador siempre lo son porque no le importa la crueldad ni los daños que puedan ocasionar.

No es el miedo el que tiene que cambiar de bando sino la vergüenza.

Tomado de: pikaramagazine.com

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